miércoles, 7 de marzo de 2018

De-construcción Cultural: Camino Hacia Una Educación Holística Integral

Resumen. En este ensayo propongo una extensión profunda de la visión holística de la educación y de la vida, como contraposición a la historia cultural-neuronal de Separación, historia que permea implícitamente, inconscientemente innumerables aspectos de nuestra vida. Crucialmente, la cultura de separación ha instaurado el imperialismo de la razón lógica y lineal, separada, como única forma legítima de razonar. Fundamentalmente, en esta cultura de separación nos concebimos a nosotros mismos como seres individuales, discretos, separados, y la experiencia de la vida como una experiencia lineal en un espacio-tiempo cartesiano de otredad. En otras palabras, nuestra lógica separada ha castrado (intentado castrar) el misterio de la vida despojándolo de su esencia, lo ha limitado y reducido a lo explicable por la razón lineal, y vivimos de acuerdo a las creencias culturales afines a ello. Para construir una educación genuinamente holística, invito a la de-construcción cultural, cuestionando creencias culturales que asumimos dan forma a lo que llamamos realidad. Notablemente, al separar la vida hemos decidido, querámoslo o no, separar entre lo bueno (lo que anhelamos) y lo malo (lo que queremos evitar), hemos separado entre los buenos y los malos absurdamente al igual que en las películas, y hemos aceptado que estamos condenados por el pecado original: venimos con maldad de fábrica. En consecuencia, todo intento por educar a nuestros niños conlleva la implícita necesidad de erradicar la maldad innata en ellos. La de-construcción cultural, por ende, permite vislumbrar una educación que cree en la bondad innata y plena del niño, toda vez que cree en la bondad innata y plena del maestro, así como de todo ser humano.

Introducción
“Cuando nos encontramos con nuestros hijos debemos ejercer cierta violencia,
porque no sabemos cómo hacerlo mejor”. Claudio Naranjo

Soy padre de dos niños, y en este momento estoy pensando en mi hijo mayor, de 5 años. Quisiera comenzar planteando una pregunta sin respuesta. La verdad sincera de no saber exactamente cómo “educarlo”. La verdad sincera de una angustia, que es a la vez expresión de mi amor por mi hijo. Me refiero a las ocasiones en que juzgo su actitud como incorrecta, mala, o incluso agresiva, hacia su hermanita por ejemplo. E intento ponerle un límite, intento expresarle que su actitud de alguna forma nos duele. Por ejemplo, “regrésale el juguete a tu hermanita que es de ella, ¿no ves cómo está sufriendo ella? Tu quisieras que hiciéramos lo mismo si el juguete fuera tuyo”. A veces pareciera que para un niño tan inocente y maravilloso como mi hijo, fuera placentero hacer sufrir a su hermanita… Me digo es imposible de comprender. Intento al menos ser sincero con mi propia emoción. Pero por muchas razones que justifiquen el límite que le impongo (a veces, por la fuerza: tomando el juguetito de su mano en contra de su voluntad), no alcanzo a sentirme en paz con esta imposición. En el fondo de mi corazón sé muy bien que existe otra verdad más profunda y misteriosa, desconocida y en algún sentido imposible de conocer. Imposible de conocer desde nuestra construcción cultural. Por eso, en el sentido más integral y holístico de la palabra, me interesa la de-construcción cultural.
Lo que más me importa, me conmueve, me involucra es proponer la visión de que todo niño es plenamente bueno, hecho de pura bondad. La única manera en que ello es posible es si lo mismo es cierto de todo ser humano. Si pudiéramos darle libertad, y por ejemplo no enjuiciar un niño por hacer “algo malo”, entonces automáticamente se resuelve el conflicto en siria, o bien se revierte estructuralmente el cambio climático. En el sentido profundo y radical de holismo que me interesa, lo más cercano, inmediato y pequeño es espejo de lo macro.
¿Que es holismo? El holismo viene del griego ὅλος [hólos], que significa "todo", "por entero", "totalidad". La visión holística de la educación nos invita a ver la educación como un todo. Postularé que esto es mucho más profundo de lo que parece. En consecuencia, por ejemplo, no podemos separar a la educación de la vida misma; no podemos hablar holísticamente de educación sin hablar de nosotros mismos. En nuestra cultura convencional, es habitual reflexionar sobre un tema separándose uno mismo del tema, y separándolo de todos los demás temas de la vida, y encima disectando el tema en una lista de partes.
En un entendimiento holista de la vida, no existe separación entre bueno y malo, no existe lo correcto y lo incorrecto. Esto ocupa un proceso profundo y personal para entenderse. Dentro del paradigma de separación que habitamos, es natural sentirse amenazado por lo incorrecto. O entender que la ausencia de incorrecto significaría libertinaje, por ejemplo permitir los caprichos de los niños, aceptar su dictadura. El planteamiento que propongo de-construye esas creencias, poco a poco.
En segundo lugar, entenderé la educación en su significado esencial. La palabra educar está compuesta del prefijo ex- ‘fuera’ y el verbo ducere ‘guiar’, ‘conducir’. Es decir, educar significa encaminar desde adentro hacia fuera. No existe necesidad de informar al niño de manera que se adapte a la sociedad externa –proceso contrario que va desde afuera hacia adentro. Existe la necesidad de proveer un entorno de confianza para que el niño brote sus propios talentos y desarrolle sus propios intereses. Incluso biológicamente, el niño es como una semilla que contiene dentro suyo toda la información que necesita para relacionarse con su entorno y desarrollarse. En palabras completamente holistas, el niño ya tiene todo dentro suyo: la totalidad del universo y la especificidad de su única alma.
Vale la pena mencionar, ¡cuán enferma está realmente nuestra sociedad! Entonces por qué insistimos tanto en que los niños se adapten a nuestra sociedad enferma. Como dijo Krishnamurti, “no es medida de salud estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”. Más bien necesitamos darles la libertad para que algún día las verdaderas soluciones a nuestra crisis civilizatoria puedan emerger. Estas soluciones no surgirán de nuestro programa de avances tecnológicos ni de volvernos súper inteligentes y encontrar las soluciones intelectualmente. Por eso que es necesario profundizar en la comprensión de nuestra crisis civilizatoria a través de la de-construcción cultural. Sin ese proceso de de-construcción cultural, nuestra búsqueda de soluciones se limita a buscar culpables y declararnos en guerra contra aquello que sea culpable. Pienso que la historia de “buenos y malos” es absurda como las películas de Hollywood.
Entonces, una clave de una visión holística de la educación es que para educar nuestros niños tenemos que educarnos a nosotros mismos. Esto es en realidad un proceso de transformación, precisamente de de-construcción cultural muy profunda. Donde podemos encontrar algo valioso y misterioso que tenemos dentro y encaminarlo hacia fuera. Espero que este ensayo (y subsecuente taller) sirva para motivar ese proceso.

La Educación en Nuestra Cultura Convencional de Separación
¿Cómo se construye la educación en la historia de separación que permea toda nuestra sociedad? Si cada uno de nosotros es un ser separado en un espacio de otredad, donde el universo de otredad es a lo sumo indiferente y potencialmente hostil, la desconfianza en la vida es la respuesta natural. Bajo esa concepción del Ser, no existe nada más sano que desconfiar en la vida, con sus múltiples manifestaciones: por ejemplo el miedo, la obsesión con el control (sobre uno mismo y sobre la vida alrededor), la soledad, la codicia, la obsesión por la seguridad, y por sobre todo la desconfianza en uno mismo. Si uno desde muy adentro desconfía de la vida y por ende de si mismo, naturalmente desconfiará de los niños. No por un tema de malas intenciones o falta de amor, sino que no le queda otra alternativa. Esa es la historia de la vida que transmite nuestro sistema educativo. Y no es un tema de mejorar intenciones. Se nos ha educado desde afuera hacia adentro a desconfiar en la vida, desconfiar en nuestra propia voluntad, se nos ha domesticado hasta acostumbrarnos, y no podemos hacer otra cosa que no sea retransmitir lo mismo. Salvo que nos de-construyamos. Por muy increíble que parezca, de-construirse es volver a confiar en uno mismo, en nuestra libertad interior (que nos aterra), y no en las normas de la sociedad: lo aceptable.
En nuestro constructo cultural convencional, implícito, el ser humano al menos potencialmente o en parte es malvado. No existe ninguna garantía de bondad. Por tanto, naturalmente nuestro sistema educacional (que abarca mucho más que las escuelas pues incluye la familia, la sociedad, la política, el contexto valórico, etc.) invariablemente contiene la necesidad imperiosa de remediar la maldad innata en los niños. “Pórtate bien”, como dicen las canciones de “cri-cri, el grillito cantor”, por ejemplo. Castigo y premio. Calificaciones. Etc. Es el paradigma de mejorar al ser humano, el que vengo a cuestionar con intensa pasión. El paradigma de mejorar al ser humano, mejorarse a sí mismo, mejorar a nuestros niños, parece indispensable, indiscutible en nuestro contexto cultural actual. La dedicación a mejorarse a uno mismo siempre tiene como espejo ver a otros como seres necesitados de mejorarse. Invariablemente, esta violencia hacia uno mismo es a la vez una violencia hacia los demás.
Como dice Jordi Mateu, en nuestra educación convencional el juego tiene que tener un objetivo. La intención es que el niño aprenda mientras juega, por ejemplo que aprenda lenguaje. ¡No es suficiente con jugar! El objetivo del aprendizaje mata el juego, el juego se tensiona, se pierde. Supuestamente hay una dicotomía, una contradicción entre aprender y jugar libremente. El aprender y el trabajo debiera costar, ser doloroso sino no hay trabajo ni aprendizaje. Esta es la misma dicotomía que asume hay que vencer algo malo en el niño, la flojera o el egoísmo por ejemplo. El juego autónomo, sin  embargo, naturalmente conlleva a la búsqueda de placer, a la distensión, a la amabilidad consigo mismo y por tanto a descubrir por experiencia lo agradable que es confiar en si mismo. En cierto sentido, ¿porqué esperamos que tendría que haber aprendizaje? Tememos que el niño no se adapte a la sociedad (y en realidad es ese temor lo que enseñamos). En otro sentido, libre de expectativas, el aprendizaje ocurre amorosamente. ¡O ni siquiera ocurre! Porque ya estaba adentro, ¿se entiende lo que digo?
Según Claudio Naranjo, la educación hoy en día entontece, crea mediocridad e idiotas. Corresponde a una educación paterna (patriarcal), en que el padre severo exige. Ello crea tensión y culpa. No hay un maternaje. Los educadores son gente con vocación materna que quieren a los niños. Pero se los academiza, se supone que la educación es “aprender cosas sobre el mundo externo”. La persona condicionada ya ni siquiera sabe que ha perdido su libertad. 
Agrega Naranjo que la educación es la más obsoleta de nuestras instituciones, no ha cambiado nada en 2 siglos. (Sin embargo, personalmente no creo que la solución sea la evolución o progreso de nuestras instituciones, sino la deconstrucción). La llama Naranjo la “Misteriosa Obsolescencia de la Educación”, porque resulta bien difícil explicarla. ¿Será por inercia burocrática?  ¿Falta de sabiduría? Parece algo secreto que hace que siga así. La educación actual es para conformarse, para adaptarse a una sociedad enferma.
Nos hacemos llamar “Homo Sapiens”, como si saber fuera lo más importante. ¿Es más importante saber que amar? Sin poder, ni propaganda ni dinero, no se predica ni se enseña, simplemente se inter-es. Se permite que lo que es, sea. Cada criatura tiene permiso de ser, en ausencia de estructuras de poder.
El supuesto es que somos malvados pero somos divinos y no nos damos cuenta. Un ejemplo son las leyes: la necesidad de evitar lo malo. “Tengo que hacer lo bueno”. Representa una pérdida de libertad y amor a si mismo. Para obedecer el deber hay que desobedecer el sentir interno.
Como adultos somos portadores de una dureza: la sociedad es obligatoria. Y la función que tenemos frente a los niños es transmitir la cultura. “Cuando nos encontramos con nuestros hijos debemos ejercer cierta violencia, porque no sabemos cómo hacerlo mejor”. El niño nace libre y poco a poco es condicionado a través del miedo. Opina Claudio que es posible castigar de manera amorosa. Sin embargo pienso que el tema de fondo es que uno (padre-maestro) tiene rabia no gestionada, no permitida quizás.
Una gran tentación es decir “aquí mando yo”. Reprimir es un refugio, porque nos duele profundamente que los niños sufran. Nos sentimos culpables. Incluso nos damos cuenta que los niños sufren al percibir la duda en nuestro interior, por lo que buscamos desesperadamente el estado más cercano a la no-duda que conocemos por registro, el cual puede ser “aquí mando yo”. Pero llega un minuto en que nuestra alma nos exige una libertad más profunda, en que el parche no alcanza a reemplazar la experiencia real de ausencia de duda.
Los adultos no medimos bien cuánto les complica la vida a los niños una infancia de excesiva seriedad y reproche. Todos quedamos resentidos, heridos de nuestra infancia de carencia de amor. En definitiva, todos somos víctimas de una sociedad enferma. La civilización es una respuesta al trauma humano.
La historia de la Separación –una historia cultural y neuronal- es la antagonía misma del holismo. Una historia que es interesante porque es inconsciente, profunda, y contiene un sinnúmero de creencias culturales que vale la pena cuestionar. Es una historia que comienza como dije antes con concebir el Ser como un Ser individual discreto y separado, rodeado de otredad. En esta historia, curiosamente a través de los siglos, aprendimos o fuimos condicionados a percibir la vida a través de los lentes de la Separación. Aprendimos como grandes aprendedores que somos (amamos aprender) a usar nuestra mente, nuestra inteligencia y raciocinio, de manera separada. En este sentido, vivimos el imperialismo de la inteligencia lógica y lineal (patriarcal), por cierto solo una forma de inteligencia entre muchas, pero la única legítima en nuestra cultura moderna. La inteligencia lógica y lineal es justamente la inteligencia separada (para profundizar en este tema ver mi escrito La Razón Humana, entre otros). Por ejemplo, el método científico considera al observador y al objeto bajo observación como dos entes separados. En fin, la inteligencia separada cosifica a la vida, y pareciera limitar la experiencia humana a una vivencia lineal, cartesiana, en un tiempo y en un espacio de Otredad.
De acuerdo a Wikipedia, “la educación holística toma a la ciencia como base”. Yo creo que a través de ello en el ámbito holista se expresa un rechazo a los dogmas religiosos y la adherencia a una búsqueda más rigurosa de la verdad. También, es probablemente una estrategia de defensa ante el establishment que rápidamente descarta toda idea alternativa por su supuesta falta de seriedad. Por supuesto nos interesa la seriedad y rigor de la ciencia como buscadores de la verdad o como cualquier ser humano explorador de la vida. Sin embargo, una educación verdaderamente holista no puede basarse en la ciencia convencional si ha de llamarse holista. Para una educación holista de verdad se necesita una ciencia holista de verdad. La ciencia convencional, occidental no es holista porque acepta el imperialismo de la razón lógica, separada, como única forma de inteligencia válida, desconociendo sus limitaciones. La ciencia convencional no es holista porque concibe al observador y al fenómeno observado como dos entes separados, no como un todo. La ciencia convencional no es holista porque asume que existe una realidad externa, describible, imparcial, impersonal en un plano de espacio-tiempo cartesiano y sujeta a cambios únicamente mediante fuerzas newtonianas. Una ciencia holista por otra parte, entenderá la realidad como un fenómeno netamente no-lineal, nunca completamente describible (más bien es una ilusión absurda el tratar tercamente de describirla), y enteramente unido y entrelazado a la realidad interna de las personas, y por supuesto del observador. Por cierto, la verdad es un fenómeno emocional. Y la realidad tiene que ver, en una danza no empírica ni verificable, con la voluntad del ser. Voluntad que no es la que conocemos culturalmente: fue quebrantada y estamos apenas recuperándola.
Como sociedad venimos dándonos cuenta, poco a poco, de la inmensa violencia, el daño y legado de trauma que está dejando en nosotros el patriarcado. Muchos de nuestros intentos por re-construir una nueva realidad fallan porque seguimos llevando implícita la historia cultural-neuronal del patriarcado en nosotros. Seguimos percibiéndonos como seres individuales, separados. Seguimos, por ejemplo, intentando encontrar la solución al problema mediante el uso de la lógica lineal, mediante la fuerza de la razón o las evidencias. Pero ese preguntar limita la búsqueda a lugares donde no habita la solución: tenemos que liberar nuestra mente, nuestros hábitos neuronales más allá de la lógica lineal y los límites de lo posible. Límites que por cierto son creencias culturales pero que hemos aceptado como verdades incuestionables, tan duras como una roca.
La desconfianza y la necesidad de controlar el espacio de Otredad son respuestas naturales para el individuo moderno que se ve a si mismo como un ser discreto y separado de la vida. ¿Qué garantía puede haber de que la vida no siga un curso hostil hacia mi persona? En consecuencia, en esta historia es necesario y normal controlar a los niños, tal como ejercemos el control sobre nosotros mismos, tal como ejercemos el control sobre las fuerzas de la naturaleza, por ejemplo en la agricultura o en la medicina. La desconfianza en la vida es la misma que la desconfianza en uno mismo, y por tanto la desconfianza en el niño. Desconfianza en su bondad innata, desconfianza en su capacidad de autonomía, desconfianza en su libertad.

Camino Hacia Una Educación Pre-escolar Holística
La educación holística, integral que quisiera ver nacer, es la educación que nace de de-construir nuestra cultura de separación. Los principios fundadores de esta educación son los siguientes:

  • ·      Primero que nada, cada vez que nos dispongamos a hablar de ello, es inseparable incluir nuestro propio sentir, nuestra emocionalidad, nuestra búsqueda interna íntimamente relacionada con la oportunidad de investigar y visualizar una educación holística. Si no somos holísticos en nuestros medios jamás seremos holísticos en nuestras metas. (Por eso comencé por incluir mi sentir respecto a mi hijo). No podemos reflexionar significativamente, holísticamente, sobre la educación como si fuera un asunto externo, describible enteramente en una pizarra impersonal, fría y lógica.
  • ·      Principio de unidad, inter-ser de toda la vida. Todo está unido, “todos somos uno”. Por algo estamos hablando de educación holística.
  • ·      Respeto y confianza al centro divino de cada ser humano, por supuesto cada niño. La educación es encaminar desde adentro hacia afuera.
  • ·      Como bueno y malo es uno solo, entonces el Uno es pleno, no existe necesidad de erradicar la maldad en el niño. Ni en nosotros mismos. El niño y todo ser humano está hecho de plena bondad, no existe necesidad de mejorarlo[1].
  • ·      La Vida es plenamente maravillosa, no existe necesidad de mejorarla. Si no adoptamos esta visión en nuestro corazón, nuestra capacidad de educar conllevará invariablemente una violencia, la violencia de transmitirle al niño que no se puede confiar en la vida.
La educación pre-escolar es la educación que el niño recibe en sus primeros años de vida (0 a 6). Esta no es una educación que prepara para la etapa escolar, sino que tiene sus características propias en cuanto prepara al niño para la vida (más que para la escuela primaria). Se sabe que esta es una etapa muy importante en el desarrollo del niño por distintos motivos. Yo voy a plantear algo muy radical. Yo diría que esta etapa es fundamental porque es la etapa en que ocurre la domesticación, la quebrantación de la voluntad propia del niño, o la inculcación a desconfiar en sí mismo y más bien a someterse (en muchos casos) o confiar (en el mejor de los casos) en la autoridad del adulto. Coincidentemente, es en esta etapa donde ocurren la mayor incidencia de berrinches, para mi una manifestación pura del alma humana que se niega a aceptar un mundo adulto sin libertad.
Como dice Humberto Maturana, “el futuro de la humanidad no son los niños, somos nosotros los mayores con los cuales (los niños) se transforman en la convivencia”. Nos transformamos juntos en la convivencia. “Amar educa” porque amar es dejar aparecer, escuchando al otro, sin negarlo.  ¿Cómo podemos recuperar nuestra capacidad de amar, si a nosotros mismos se nos enseñó a obedecer (negarnos a nosotros mismos)?. Tiene que ser de manera que no sea una violencia contra uno mismo.
Siento que para construir una educación holista tenemos que hacernos uno con el trauma que la educación de la separación dejó en nosotros. Esto es algo muy personal para mí, es el descubrir cómo una infancia traumática es a la vez un regalo o una bendición. Uno solo. De las múltiples manifestaciones y variantes del trauma infantil, en mi experiencia existe este trauma clave o central que es la doblegación de la voluntad del niño. Dice Claudio Naranjo que necesitamos recuperar nuestro dolor infantil y nuestra rabia infantil, para procesarlos y volver a estar enteros.


La quebrantación de la voluntad del niño ocurre con o sin violencia. Cuando es con violencia, el niño aprende a través del miedo. Pero también se puede doblegar sin violencia aparente. En ambos casos, el niño se domestica, aprende que debe adaptarse al mundo tal y como lo plantean los adultos. Aprende que debe confiar más en lo que dicen los adultos que en su propia guía interna. Este es un daño atroz, por cierto, pero a la vez adelanto que no existe daño alguno.
El término «escuela» proviene del griego antiguo σχολή (skholḗ). Curiosamente el significado original en griego era tranquilidad, tiempo libre, que luego derivó a aquello que se hace durante el tiempo libre. Para los niños pequeños sobretodo, la escuela debiera ser un espacio de tranquilidad, de libertad, de juego, donde sin esfuerzo puede ir brotando desde adentro hacia fuera sus propias maneras de relacionarse con el mundo. De esta manera, ni siquiera necesitamos enseñarles a que confíen en si mismos, sino que simplemente no les enseñamos lo contrario.
Adentro de la historia cultural-neuronal de Separación, las ideas que brotan de una historia cultural-neuronal diferente –la historia holista del Interser-, se escuchan de la única manera posible en que tengan sentido adentro de la historia de Separación. (Salvo que ocurra un proceso de de-construcción cultural). Por ejemplo, la invitación a confiar en la vida, o la invitación a considerar que, en lugar de ser individuos, inter-somos, son evaluadas como invitaciones irracionales, o en el mejor de los casos, invitaciones a ser mejores personas. Por eso que insisto en que esto no se trata de hacerse mejor persona, y que el postulado primordial de una visión holística de la vida y la educación es que el ser humano es plenamente maravilloso y no necesita mejorarse a si mismo. Por supuesto, la mente racional tendrá muy buenas razones para debatir esta idea. Misma que solo hace sentido una vez que de-construyes la historia neuronal y cultural, proceso muy profundo. En otras palabras, esta es una invitación a inter-reflexionar con el corazón. ¿Qué pasa si inter-somos? ¿Qué pasa si existe otra historia diferente que explique en nosotros lo que ahora llamamos maldad, mentiras, flojera etc.? ¿Qué pasa si todas las manifestaciones dañinas, enfermas, tóxicas o desagradables del ser humano surgen, no de su innata maldad o pecado original, sino de la falta de amor a si mismo, surgen del trauma de desconocer el amor fraterno, del dudar ser una criatura legítima de la creación?
“You cannot dismantle the master’s house using the master’s tools” dijo la afro-feminista Audre Lorde: no se puede desmantelar el sistema usando las mismas herramientas del sistema. Para crear algo verdaderamente nuevo no es suficiente mejorar nuestras intenciones éticas y cambiar nuestras metas; es necesario cambiar nuestra metodología, es decir la historia subyacente que habitamos. Por ejemplo, no se puede construir la paz mediante la guerra. No se puede construir holismo desde la separación. No se puede educar para la libertad si la libertad es un concepto externo al niño, que responde a prejuicios, condiciones, teorías o supuestos.
En la historia de separación, toda búsqueda de solución a nuestros problemas nos limita a mantenernos en interminable guerra contra la maldad en otros y en uno mismo. En la historia holística del inter-ser, surgen nuevas alternativas. En educación es bien simple: el mensaje de decirle al niño “eres una criatura legítima, tal y como eres. Libre. Te queremos escuchar”. Y para decirle eso al niño, necesitamos decírnoslo a nosotros mismos.
No sabemos realmente para dónde vamos como civilización. Urge tener la valentía, humildad y sinceridad para reconocerlo. Entonces no tiene sentido educar para lo ya conocido, lo preestablecido. Necesitamos darnos permiso para educar a nuestros niños y a nosotros mismos para lo desconocido desde la propia libertad. Como dice Ken Robinson, enfrentamos como nunca un futuro incierto e impredecible, y mientras tengamos miedo a estar equivocados no podemos hacer nada original. Sin embargo, nuestra naturaleza innata es la creatividad inmensa. Maturana dice los problemas de los niños no son de inteligencia, son emocionales. Todos somos inteligentes, solo que nuestras inteligencias son diversas y no responden a estándares lineales.
No sabemos realmente para dónde vamos, en todo caso tendríamos que aceptar que como civilización estamos destruyendo la vida, destruyendo la belleza, autodestruyéndonos, testarudamente “progresando” hacia el abismo. Si somos sinceros y rigurosos con la verdad tendríamos que aceptar esto, y aceptar que adentro de lo posible no existe solución completa, solo parches. Si somos rigurosos con la verdad (al menos esta es mi verdad), tendríamos que llegar a la conclusión que no existe otra alternativa que confiar en la vida. Porque confiar en la vida es cambiar de paradigma y eso abre nuevas posibilidades antes imposibles. Hay esperanza verdadera. Por eso que la invitación a confiar en la vida no es un llamado a hacerse mejor persona, es porque no hay alternativa. ¿Te das cuenta?
De similar manera, la invitación a contemplar una visión holística, de inter-ser de la vida no es una invitación a hacerse mejor persona. No es que tenga que aceptar la responsabilidad o culpa de yo ser mala persona tal y como lo es Donald Trump por ejemplo. No existe alternativa más que reconocer que todos somos uno. No es un cliché o un llamado a la bondad. ¿Por qué? Porque si continuamos percibiéndonos separados necesariamente continuaremos en guerra contra algo o alguien. Y por tanto por mucho que intentemos y por muy puras que sean nuestras intenciones jamás seremos capaces de crear una historia distinta. Si separamos entre lo bueno y lo malo, invariablemente, querámoslo o no, separaremos a nuestros niños entre bueno y malo, invariablemente los estaremos juzgando, castigando/premiando, invariablemente estaremos educándolos para desconfiar de si mismos. De tal forma no será posible educar para la libertad y la autonomía.
Mientras exista la separación entre lo bueno y lo malo, existe el deber. El deber de hacer lo bueno. El deber de obedecer las leyes, la autoridad. Para obedecer al deber externo hay que desobedecer el sentir interno, y así se cultiva la desconfianza en si mismo. ¡Pero lo malo es malo dirá la mente! ¿Cómo vamos a permitir que alguien haga daño a otro? Si todos inter-somos, si el universo es uno sólo, es y siempre ha sido imposible que el universo se haga daño a si mismo. Es como volver a aprender a leer.
O, de otro punto de vista, no se trata de ponerse en situaciones hipotéticas. Nadie está diciendo que si aceptas el inter-ser o la confianza en la vida tengas que necesariamente ser permisivo ante el abuso de alguien. Evítalo si quieres, en el aquí y ahora que es lo único que existe.
Tampoco estoy diciendo que es necesario abolir todas las normas de control (basadas en la distinción bueno/malo). Si mi consigna fuera derrotar la institución de las normas estaría nuevamente en guerra. No podría separarme de la separación si me separo de la separación.
Con o sin normas, la convivencia educa y pasa solo.  A todos nos gusta, nos da placer hacer las cosas bien. A nadie le gusta hacer mal las cosas, ni al maestro ni al niño. Entonces no tiene sentido juzgar el “mal comportamiento”. Si lo hace entre comillas “mal” es porque no sabe, y necesita aprenderlo en la convivencia. A nadie le gusta obedecer. A todos nos gusta colaborar. El obedecer es la negación de si mismo. Si el aprendizaje viene de si mismo se da en con una satisfacción muy profunda.
Es posible hacer este relato. El ser separado del universo, de los otros seres, rodeado entonces por otredad, desconfió de la bondad de la vida. ¿Por qué podrían estar quienes me rodean a favor mío? En el mejor de los casos el medio será indiferente, pero quizás hostil hacia mí. Al desconfiar del universo y de todos quienes le rodean como seres extraños, desconfió de sí mismo (obvio porque todo ello es parte de si). Luego apareció la versión bíblica de esto: venimos con pecado original. Con fallas de fábricas (y cómo nos hace sufrir eso). Y luego quisimos rechazar la imposición violenta de la religión, y decidimos creer en la razón lógica. “Pienso luego existo”, según Descartes. Y nos transformamos en intelectuales, aunque sin darnos cuenta seguimos llevando en nuestro ADN y neuronas, en nuestra manera de percibir la vida, la creencia del pecado original, de que hay algo malo en nosotros mismos. De que hay buenos y malos y es necesario vencer a la maldad en los otros o en nosotros mismos. Algunos nos hicimos anti-capitalistas y nuestro enemigo, que antes era el diablo, los pecados y el infierno, pasó a ser el capitalismo neoliberal, las transnacionales codiciosas e inescrupulosas, y los gobiernos corruptos (sobre este tema ver la mirada completa en El EspacioPara Una Nueva Forma De Pensar Nuestra Economía). No nos dimos cuenta que en esas batallas siempre hemos estado peleando contra nosotros mismos. Otros nos hicimos espirituales y nuestra guerra simplemente cambio de enemigo, que pasó a ser nuestro propio ego. Siempre en guerra, y siempre la violencia principal ha sido contra uno mismo. Creyendo, querámoslo o no, que hay algo malo en nosotros mismos.
Cuando vayamos aliviando esa violencia, la violencia original de todas (y lo tenemos que hacer juntos sino no sería holístico), podremos por fin dejar de emitir violencia, restricción, represión, duda, desconfianza hacia nuestros niños. De nuestra propia confianza en la vida nace naturalmente el confiar en nuestros niños. Qué belleza imaginarlo. Toda la creatividad de nuestros preciosos, divinos niños, por fin liberada, tal como la propia nuestra ha esperado por siglos.
He pensado que en verdad llevamos a nuestros niños a la escuela no tanto por la educación que allí reciben sino porque no podemos estar con ellos a la vez que dedicarnos a nuestra vida, o a nuestro trabajo. Pienso que la verdad sincera puede ser que nos sentimos sobrepasados por ellos cuando queremos dedicarnos a un quehacer que no los incluye. Pienso que en realidad a veces nos estorban para realizar una tarea específica, en que nos importa la eficacia, el tiempo que tardamos, los resultados concretos o medibles de nuestra tarea. La cual por supuesto concebimos separada a la tarea de acompañar a nuestros hijos (¡con justas razones!). Nuestra necesidad de resultados concretos y medibles, nuestra necesidad de control, fácilmente pasa a ser obsesión o neurosis. Tiene que ver con la misma desconfianza en la vida. Pero bueno, la verdad sincera es que necesitamos lo que sea que necesitamos. No propongo vencer nuestra necesidad de control ni mucho menos reprimirla, sólo concebir que existen otras posibilidades inconcebibles.
¿Cómo cuidar de los niños cuando un niño es excluido o maltratado por otro? (No solo el niño excluido necesita que lo cuiden). Apoyar a que descubran y confíen en su propia guía interna, a través de sus sentimientos, que siempre los van a llevar por buen camino. Pero este es un ideal que no incluye la emocionalidad del adulto y su propia necesidad de expresión, de de-construcción. Tal vez nuestra rabia y la impotencia de no concebir porqué un niño puede llegar a actuar con tanta maldad como para excluir o maltratar a otro niño. Nuestro terrible temor a que el niño excluido sea dañado, que de verdad lo crea en su alma cuando otro niño le diga “tonto”…
Es a la vez absurdo e interesante que siempre queremos saber “qué hay que hacer”. Que alguien nos diga, o que alguna teoría lo establezca. Eso aprendimos, eso sabemos hacer: seguir una guía externa. En realidad cualquier educación es buena si cuida la alegría de vivir del niño. Los cambios relevantes en la vida pasan cuando hay un sentir importante que ocurre por una experiencia. La verdad es emocional. Es muy poco lo que ocurre a través de un convencimiento intelectual. Más importante que saber qué hay que hacer, es que nos transformamos en la convivencia, niños y adultos. Y creo que en esa convivencia la clave es reconocer, recordar, recuperar nuestro niño interno.
Sobre los berrinches. Digamos que la niña no se quiere poner abrigo cuando hace mucho frío. Nos vemos obligados (después de agotar todo diálogo) a doblegar su voluntad. A veces con paciencia (no vamos a salir hasta que te abrigues). A veces por la fuerza física (simplemente ponerle el abrigo en contra de su voluntad). Puede ser que ni siquiera nos enojemos los adultos (en el mejor de los casos), pero aún así quebrantamos su propia voluntad, y la niña sufre inmensamente. A veces pareciera que el niño realmente quiere agredirnos, con toda su voluntad, a su hermanito, o a si mismo. Nos vemos obligados, con toda la "razón", a limitar-quebrantar-doblegar su voluntad.
¿Qué hay que hacer frente a los berrinches? De nuevo, la respuesta más profunda es que hay que permitir que la pregunta se de-construya. Nos transformamos en la convivencia. No hay solución, para que sí la haya. Nos duelen los berrinches de los niños. El niño que entra en un “grito constante que cuando quiero hablarle o preguntarle qué necesita me grita más fuerte y tapando mi voz. Y cuando no interfiero y dejo que se descargue para luego más tranquilo sí poder hablar, me busca con el grito por toda la casa. Solamente para eso, para que escuche ese grito. A lo que al rato me da la sensación que ya no recuerda porqué está enojado. Hasta que llega el momento de poder poner en palabras… pero para esa instancia ya estamos todos agotados y angustiados…” (relato de una madre). No hay solución, para que sí la haya.
¿Se cree un niño lo más importante del universo y pierde toda empatía por los demás? Siento que en el macro contexto cultural, nuestros niños tienen todo el derecho, absolutamente TODO el derecho a hacer berrinches, que son la más profunda expresión de dolor del alma humana. Lo más triste es cuando el niño deja de hacer berrinche porque quiere decir que ya se acomodó, que ya se conformó con la realidad a medias que ofrece el mundo adulto, aunque en su alma siempre sabrá que no es así.
Se dice que los berrinches son normales en el crecimiento del niño. ¡Serán normales pero no son naturales!, no serían necesarios si nuestro mundo adulto fuera sano. Algo me dice en mis entrañas que no debería ser así. A la vez que está bien que sea así, en este mundo en transición.
Cuando imaginamos la vida en salud siento que nos conformamos con poco. Grande grandísimo es el trauma de que se nos haya quebrantado nuestra voluntad. La felicidad que nos espera, nuestro derecho divino, es plena.






[1] Se puede decir así, si es que “existe una realidad”. Dicho de otra manera, es nuestra decisión interna el querer ser amorosos. No importa si el niño está o no hecho de bondad, nosotros lo podemos mirar incondicionalmente en pura bondad.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

CERRANDO CAMPAÑA


Hoy día damos por cerrada la campaña. GRACIAS. Sepan que sus regalos de apoyo a esta visión y mi trabajo son siempre bienvenidos, los recibo con las dos manos, con responsabilidad. El gofundme seguirá funcionando por unos días, y cuando lancemos la página nueva encontrarán nuevos medios para apoyar.  
Ciertamente superamos la meta, llevamos us$2,489 y creo llegarán otras donaciones todavía. Pero lo que hemos REUNIDO es mucho más valioso que el dinero o las dimensiones. Aquí quedaron sembradas semillas de profunda generosidad que replicarán muchas veces. Generosidad que GENERA. Reunimos un sueño, me atrevo a decir, que muchos soñamos pero que soñarlo solo duele por lo imposible. (Imposible para el paradigma cultural de lo posible). Soñarlo reunidos es otra cosa.
Les comparto que toda esta energía del corazón REUNIDA es una energía muy fuerte, me ha removido mucho... Queda observar como seguirá moviéndose, qué interesante y qué curiosidad!
Entre varias otras cosas, me dí cuenta que en una parte oculta, valiosa, bondadosa de mi,  no creía que la abundancia que decide el corazón fuera posible para todos... Hablo de la gente, la mayoría de la gente en realidad, que vive angustiada, presionada por la escasez; la gente, también, que de plano sufre miseria. Guardaba ese dolor profundo, esa impotencia de que no fuera posible soñar la libertad para todos... que ahora siento liberándose. 
La abundancia que decide el corazón no es lo mismo que la abundancia convencional. Una idea de nuestra cultura reduccionista de la realidad, la abundancia convencional es la medible, la que depende del sistema económico, y que como tal jamás puede ser alcanzada por todos (ver ENTENDER EL DINERO).  Sistema donde "la única manera de hacer dinero es tomarlo de otros", donde los más exitosos son los más hábiles para tomar el dinero de otros. La abundancia que decide el corazón, en cambio, es la que emana de nuestro centro divino, que depende enteramente de uno mismo y de nada externo, nadie te la puede quitar, nadie la puede dañar, es inquebrantable, divina...  Escurridiza y paradojal, crece cuando el amor crece, crece cuando nos REUNIMOS. No muy crece con aprender, con entender. Así mismo, nadie la puede usar de razón para justificar la pobreza de la gente. Nadie la puede usar para juzgar.

Guardaba ese dolor profundo, esa impotencia de que no fuera posible soñar la libertad para todos... que ahora siento liberándose.
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martes, 14 de noviembre de 2017

ECONOMIA SAGRADA PASA A LA ADULTEZ

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En un día como hoy me siento intensamente atemorizado, como un niño que se hace adulto.
www.economiasagrada.com nació como blog en diciembre del 2015. Ya es tiempo de hacernos adultos, y pasar a ser una página web completa y bien diseñada. Les voy a invitar a apoyar. Pasar a ser web tiene el más profundo y emblemático significado. Pasar a ser web es reconocerse parte de la misteriosa y maravillosa red de la vida.


En el paradigma convencional del patriarcado, hacerse adulto se vincula con hacerse independiente. Significa ajustarse a las normas de la sociedad, significa someterse al establishment, significa adaptarse a la “realidad” (¡“realidad” que es cultural!). Significa aceptar que la Boa en El Principito era sólo el dibujo de un sombrero.

En un nuevo paradigma de confianza en la vida, hacerse adulto significa romper el provisorio caparazón de protección que el tren de la vida convencional solía ofrecer, cuando ya no lo hace. Significa plenamente recibir el apoyo que el movimiento sagrado de la vida te ofrece al dedicarte a algo que amas con todo tu ser. Significa soltar la ilusión de la independencia, el esfuerzo por el mérito personal, y descansar en el apoyo de saberse uno con todos. Significa elegir la libertad. Significa recordar los ojos del alma humana más pura, la de la niñez, que nunca olvidaron que aquel dibujo es una Boa que tragó un Elefante.

Al menos esto es lo que elijo vivir. ¿Saben por qué? Porque, como economista que soy desde mis entrañas hasta mi corazón y mi intelecto, me tomé en serio lo que está pasando en el planeta, y llegué a la conclusión de que no hay otra alternativa. Así es, decidir confiar en la vida no es un asunto de romanticismo, no es un tema de valentía ni de misticismo heroico. De hecho en un día como hoy me siento intensamente atemorizado. ¡Hermoso temor!. No hay más que confiar en la vida, sencillamente no hay otra cosa. Esa es la belleza de la urgencia que enfrentamos.

En un día como hoy, me dirijo a todos y todas quienes me leen, me escuchan, han estado en mis talleres o charlas, que de alguna manera saben o intuyen que me encuentro al servicio de esta visión de economía sagrada, para solicitarles que nos apoyen con dinero a dar este paso. Acudo a quienes sientan el llamado a apoyar esta visión.

Nuestra meta es reunir US$2,100 (hasta el día 6 de Diciembre, 2017) para que la compañía Mighty Nonprofits diseñe y reconstruya el sitio web de economía sagrada. No se trata de cantidades, se trata de ejercer el apoyo de la vida. Por eso que el aporte de cada quien es significativo, es emblemático, es sagrado con toda la propiedad de la palabra. Es una semilla del mundo nuevo que soñamos, que podemos cocrear.

Dentro del paradigma convencional del patriarcado, se supone que si el trabajo que uno hace es valioso, entonces uno lo puede apropiar en algo vendible. Diseñar un producto o un servicio que se puede comerciar. Se supone que si uno quiere ayudar a alguien a salir adelante en la vida, uno debiera propiciar a que esta persona se “gane la vida”, a que se autosustente adaptándose a los mercados. Pero el que de verdad conoce profundamente nuestro sistema económico llega a entender que ello es una ilusión, misma que cada día que pasa se desmorona para más y más gentes (ver Entender el Dinero – Historia de una Aldea e Introducción a Economía Sagrada).

¿Cómo es la economía sagrada, la economía de la confianza? Sin condiciones. Radicalmente distinta a lo que imaginamos posible. ¿Cómo se descubre, cómo se construye? Se descubre de-construyendo nuestras creencias culturales inconscientemente enraizadas en nuestros hábitos neuronales.

Yo estoy al servicio de acompañar el nacimiento de una nueva economía. La única economía posible (que es imposible dentro de los constructos culturales actuales) es la economía de la confianza, es la economía de la unidad quántica de toda la vida. Para yo ofrecer lo que tengo para compartir, sencillamente no puedo cobrar, no puedo exigir una cierta cantidad a cambio. No puedo, pero en realidad no quiero, con todo mi ser. Yo trabajo en la economía del regalo, ofrezco mi trabajo como regalo y recibo regalos a cambio (ver Hacia la Cultura del Regalo I y II). Además, gran parte de las personas que se acercan a mis talleres son gente a quienes les angustia, legítimamente, la escasez del dinero, y quienes añoran un mundo de libertad. A ellos quiero servir.

Un nuevo sitio web es un paso a la adultez para la economía sagrada. Significa una declaración cuántica de unidad, de estar apoyado por la vida sin necesidad de mérito personal. Personalmente, significa una declaración sincera de servicio incondicional, alineada con la visión misma de la economía sagrada. ¿Cómo podría ser de otra manera?

Sus donativos hacia esta iniciativa son en primer lugar significativos de una manera que considero sagrada, porque es un paso hacia una economía de unidad. A partir de ahora, todo nuestro trabajo, ensayos, charlas, talleres llevarán estas semillas de la unidad incondicional, para que de adentro hacia afuera, poco a poco, todos podamos construir una economía donde simplemente damos lo mejor de nosotros mismos, en libertad. Allá afuera, hay mucha angustia, miseria, hambre, estrés, trauma de supervivencia, destrucción de la belleza, falta de libertad, proliferación de fealdad, hasta el punto en que la continuidad de la vida en este planeta está amenazada. A nombre de todas estas situaciones, la visión de economía sagrada asume la responsabilidad, con compasión y verdadera esperanza.

Tu regalo monetario me dará la fuerza (sí, esto también), para continuar ofreciendo mi trabajo como un regalo, sabiendo que de una forma u otra la vida me sostendrá a mí y a mi familia. Sí: yo sí necesito, sí quiero, y sí pido recibir apoyo. Los talleres de economía sagrada no pueden ser compartidos en plenitud bajo la condición de que los asistentes necesiten hacer un pago por el regalo que reciben.

Además, tu donativo es útil para transmitir esta visión hacia la gente de habla hispana en América Latina y otros lugares (donde la mayoría de la gente no puede acceder al trabajo de Charles Eisenstein).

Por supuesto es para mi un inmenso honor recibir tu ayuda en estos términos. Lo recibiré como un tesoro de semillas de esperanza. Se los agradezco desde lo más hondo de mi alma a nombre de mi familia y de nuestros sueños más verdaderos para toda la vida.

¿Se imaginan el nuevo sitio web? ¿Se imaginan las consecuencias, las semillas de algo nuevo naciendo? En esta campaña, instalamos el comienzo.

Anímense aquí el link go fund me para hacer donativos:
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viernes, 13 de octubre de 2017

Nobel de Economía 2017 para Thaler

Regresando de taller en Uruapan me encuentro con esta interesante noticia. Thaler, otro profesor de la universidad donde estudié recibe el Nobel de economía, uno de los fundadores de la Economía del Comportamiento (behavioral economics). Lo interesante es que esta mirada surge de permitir el comportamiento no racional de las personas en los modelos económicos. Según la Real Academia de Ciencias Suecas, Thaler “ha incorporado presunciones psicológicamente realistas a los análisis de la toma de decisiones económicas”.  ¡Y una de las principales críticas a la economía convencional es el supuesto de racionalidad!

¿Es una buena señal que al fin los economistas se abran a otra disciplina como la sicología?

¿Acaso el hecho que estas ideas lleguen al mainstream significa un "avance" en la ciencia económica?

¡NO! Para nada! En un fundamental sentido voy a argumentar que no.

A quien quiera investigar un poco más acerca de este campo recomiendo este linky wikipedia. La nota del premio a Thaler en la universidad de Chicago aquí.

En un sentido, es un campo sumamente atractivo porque te invita a reflexionar de qué maneras sistemáticas el comportamiento humano tiende a ser no racional; y a la vez te invita a considerar qué es exactamente el comportamiento racional.

Como introducción al tema, menciono brevemente dos ejemplos de comportamiento no racional.

(1)  Las personas sufren más cuando pierden lo que ya tienen, que lo que disfrutan ganar algo de equivalente valor que antes no tenían. Se le puede llamar aversión a perder, o un sesgo en la disposición a perder, versus la disposición a ganar. Hipotéticamente, si alguien con aversión a perder compite con alguien que no tiene este sesgo, la persona sin sesgo a perder tendrá más chance de ganar en el largo plazo. Por eso que se le considera comportamiento no racional.

(2) Inconsistencias entre las decisiones de largo plazo que uno toma (por ejemplo dejar de fumar), y las decisiones en corto plazo. Modelos de neuroeconomía, por ejemplo, explican que una parte del cerebro es la encargada de planificar a largo plazo, y otra parte diferente se enfrenta con las decisiones inmediatas, en el aquí y ahora. Matemáticamente, se consideran tasas de descuento intertemporal hiperbólicas, lo cual en simple español quiere decir un sesgo desproporcionado por el futuro inmediato versus el futuro lejano. De manera tal que decisiones que uno planifica con antelación, llegado el momento uno las cambia sistemáticamente, generando inconsistencia de naturaleza irracional en el comportamiento.

Valga mencionar que cada vez que existe un comportamiento irracional, adentro de la narrativa de nuestra ciencia moderna, existe a la vez algo que corregir. Es decir, la mirada de que si fuese posible rectificar tu comportamiento a lo racional, tu mismo te harías más feliz. Por ejemplo, en el segundo caso, si hubiese una fuerza externa, alguna autoridad que te obligase a mantener tus decisiones de largo plazo para no sucumbir a las tentaciones del corto plazo, serías más feliz. (Claro que eso supone que la felicidad tuviera más que ver con la mente que planifica que con la satisfacción inmediata, algo que por supuesto es debatible). 


Una serie de implicancias son interesantísimas de reflexionar.

Un primer punto fundamental es que el comportamiento no racional es visto, a lo largo y ancho de este campo de la economía, como una debilidad, como algo a superar; y que a medida que la humanidad progrese en su inteligencia nuestro comportamiento se hará más y más cercano al comportamiento racional. “R. Thaler fue galardonado con el Premio Nobel de Economía por clarificar la forma en la que debilidades humanas como la falta de racionalidad y autocontrol pueden afectar los mercados” (elfinanciero.com.mx, la negrita es mía). El comportamiento racional es por tanto un ideal.

Un segundo punto fundamental es que se presume que el comportamiento racional en efecto existe, lo cual es a lo menos discutible. Si uno se detiene un poco, se da cuenta que es sólo una abstracción, algo que se conversa intelectualmente mientras te tomas un café con galletas en un seminario, y que tiene sentido solamente adentro de una narrativa acerca de la realidad. ¿Cuál narrativa? La narrativa reduccionista que asume tercamente que existe una realidad objetiva. Esto no es más que una creencia cultural. Sumamente pesada por cierto, pero sigue siendo creencia cultural. No es una verdad de la vida. La verdad de la vida es muchísimo más escurridiza e irreducible a entendimiento meramente intelectual. Así como la realidad objetiva no existe, tampoco existe el comportamiento plenamente racional, ni siquiera como ideal. (Este tema da para mucho y quizás tenga que escribir más sobre esto más adelante; por ahora espero expresar un panorama, una mirada que libere. Para una comprensión más profunda ver el post relacionado La Razón Humana).

Bajo la idealización del comportamiento racional, es justificable aplicar políticas públicas que rectifiquen el comportamiento de las personas. La lógica sería que las personas necesitan mecanismos que corrijan su comportamiento para llevarlas a su propia mayor felicidad, cosa que no logran por si mismas debido a su inteligencia limitada. Naturalmente, aquí nace la sospecha ética (y fundamentada por la mala reputación de los gobiernos a diestra y siniestra), de permitir que una autoridad de gobierno “mejore” las propias decisiones libres de las personas, por mucho que éstas atenten contra su propio bien. En todo caso, ¡ello ya está ocurriendo! Por ejemplo en las políticas que obligan a mostrar en cajetillas de cigarros los efectos terroríficos para la salud. Quizás ello ayude a las personas que en efecto deciden no fumar más, pero les cuesta muchísimo mantener su decisión.

Similarmente, con o sin los conocimientos específicos de economía y sicología, las empresas ya están ocupando explícita o implícitamente las debilidades irracionales de los consumidores para atraer su consumo. No es ninguna novedad, lo novedoso sería que ahora disponen de ingeniería más precisa para sus programas de marketing gracias a Thaler (no creo sea su intención). Quizás algún lector esté pensando en este momento: “tenemos que mejorar la racionalidad de la gente para que los estrategas de marketing no saquen provecho de su debilidad”. ¡Nada más alejado de lo que quiero expresar!

En el ejemplo (1) que mencioné más arriba, acerca de la aversión a perder, quisiera hacer una observación interesante, que espero rompa esquemas. Si tienes una aversión a perder, tienes dos caminos posibles. Estudiar intensamente el paradigma racional, y la economía del comportamiento, (“recomiendo” estudiar un doctorado en economía para ello), de manera que desarrolles tanto tu entendimiento de tu racionalidad e irracionalidad que mediante el control sobre ti mismo “superes” toda irracionalidad en ti.

Un segundo camino posible, es que tal vez tienes un anhelo exagerado por seguridad, y por ello te pierdes oportunidades de ser más feliz. Tal vez tienes una baja tolerancia a los cambios, sencillamente tienes miedo. Puedes elegir sentir tu miedo, y liberarlo a través del sentir. ¿Cuál camino prefieres? ¿El primero de la razón y el control sobre ti mismo? ¿O el segundo de la libertad y sinceridad de sentir lo que sientes? En mi experiencia, el segundo camino te lleva más lejos.



Una observación más profunda todavía y que da para mucha reflexión, es el hecho de que los científicos que observan y modelan el comportamiento irracional de las personas, son (ilusoriamente) plenamente racionales en su observación. Sus observaciones, hipótesis, teorías, su manera de escribir, su manera de conversar, su contemplar per sé, se sitúan plenamente en el idealizado paradigma racional. Mismo que es posible mientras toman café y comen galletitas en seminarios. Nótese tamaña contradicción: observar lo irracional en la realidad, desde una narrativa racional abstracta es decir irreal. Sería más “razonable” observar lo irracional desde su misma narrativa realista irracional.

Thaler le dijo al comité de premios (theguardian.com) que “planeaba gastar el dinero del premio irracionalmente”. Qué interesante chiste. No sé si Thaler realmente quiso decir esto, pero cualquiera se alegraría al recibir un regalo de mucho dinero que efectivamente fuese tan inesperado, que te diera permiso, licencia para ser irracional, para no calcular, para relajarse, para descansar. Para celebrar la vida. Porque en cambio con todo lo normal del mundo convencional vivimos bajo el peso, bajo la exigencia de ser racionales. Con nuestro sueldo hemos de ser racionales y planificar a largo plazo, asegurar nuestra vejez y el futuro de nuestros hijos, etc. Cosas que te dan tranquilidad, cierto, pero que toman un esfuerzo de uso de la razón, que si somos honestos con nuestra alma humana, detestamos. Si “tuviésemos permiso”, jamás quisiéramos vivir la vida racionalmente. Ya sé esto que digo tiene muchas implicancias para discutir y reflexionar. Me encantaría cubrirlas todas pero tendría que escribir toda la semana.

Por esta fundamental razón el premio de la academia sueca NO es una buena noticia: no se ha cuestionado la idealización del comportamiento racional, sino que al contrario, se ha fortalecido. El reconocer la falta de racionalidad en las personas, se hace solo con la programación de que algún día el comportamiento humano se vuelva racional. A nivel cultural, no hace más que reforzar el esfuerzo de la gente por mejorar la racionalidad de su comportamiento. Un grave error para quien le interese la libertad y la felicidad. De hecho resulta hasta atractivo, gracias a las observaciones de economistas del comportamiento como Thaler, darse cuenta las variadas maneras en las cuales nuestro comportamiento es débil, irracional, y dedicarse a hacerse más racional en la vida.

Ciertas características de los economistas del comportamiento como investigadores sí que son interesantísimas. En este sentido, sí, este premio Nobel señala buenas noticias. Características propias de niños, y muy raras en economistas convencionales: su habilidad para distraerse de la tarea asignada, un sentido de maravillarse, una tendencia a hacer preguntas vergonzosas, y una desconfianza de las ideas de los adultos acerca de cuáles asuntos vale la pena pensar y cuáles no (bloomberg.com). Esto sin duda es el camino del gozar la belleza de la mente, de pensar lo desconocido. El único problema con ello es que cuando el pensador se llena mucho de pensamientos que le fascinan, ya no admite un cuestionar profundo. Más bien que, ante tanta fascinación, fácilmente olvida cuáles son los pensamientos que están en la base de todo el resto de su pensar. De tal manera que le costará mucho trabajo (volver a) considerar nuevas miradas (verdaderamente nuevas).

La pasión de mis entrañas es cuestionar la validez del paradigma racional. No solo por su falsedad o lo absurdo que es. Sino más que nada por la infelicidad que enfrasca nuestras vidas mientras depositamos la confianza de nuestra alma en la razón. Por otra parte, disfruto como cualquiera la belleza del pensar, y las sorpresas que nos depara la vida sin importar el camino que elegimos. Por ejemplo, ojalá la economía del comportamiento sirva para que la gente deje de fumar. Bienvenido sea incluir en tu cuenta de electricidad, el valor del consumo promedio de electricidad de tus vecinos, de modo que ello induzca a la gente que consume mucho a consumir menos (este es un ejemplo de idea positiva de este campo de la economía).

Bienvenido también que los pensadores piensen mucho y demasiado, en exceso, se fascinen y glorifiquen en sus logros. Ningún problema y ninguna crítica a ellos. Tarde o temprano, cuando hayan saciado su intelecto, su propia alma les pedirá una sabiduría más sublime.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Terremotos en México


Dos testimonios emotivos del terremoto en DF. La ferretería (link) que donó su inventario y la gente donándole dinero incondicionalmente de vuelta¡¡!! Y la historia de reencuentro, de ejemplo de humanidad de Flavio (link). Generosidad, material y humana, que nos inspira, que nos recuerda cómo somos los humanos realmente. 




Los jóvenes Millenials, tildados de "apáticos", "valemadristas", "desinteresados por los demás" entregados por entero "dispuestos a hacer lo que fuera; dirigir tráfico, recolectar, limpiar y por supuesto, rescatar a otros mexicanos entre los escombros". Su apatía, más demostrado imposible, no es falta de vitalidad, no es falta de voluntad de vivir. La apatía de estos jóvenes es más bien la respuesta natural a un mundo convencional, a un establishment que no despierta pasión alguna, a una vida ya trazada que el alma humana rebelde sabe bien que no la involucra, que la deja hambrienta por lo real. 
Cuando una oportunidad verdadera emerge de ser humano, estos jóvenes demuestran que están totalmente vivos, plenos de humanidad. Que se entregan a una tarea por entero cuerpo, alma, corazón cuando esta tiene que ver con lo que el alma humana adora: la vida y la belleza de la vida. Aquello que nos une como humanos, que sabemos que todos lo tenemos, y que está devastadoramente ausente del proyecto convencional de vida. Sospecho (estoy seguro) que cuando las cosas vuelvan a la "normalidad", el tren convencional volverá a arrancar y parecerá otra vez que es la única manera de funcionar, de vivir en este mundo: sin duda alguna y con toda legitimidad, la apatía de estos jóvenes volverá en ese momento. Con una diferencia: conocieron la experiencia de la plenitud, de entregarse a algo por entero. Querrán volver a encontrarla.
El terremoto, los terremotos, nos han sacudido a todos. También han sacudido el establishment. Pero seamos francos: los edificios que cayeron no son los más modernos, no son los con tecnología de punta. El programa de control, la ilusión de dominio de las fuerzas de la naturaleza mediante nuestra inteligencia lógica y avances tecnológicos es duro como el cemento, inerte así como es testaruda la inercia del establishment, del patriarcado. 

El terremoto más profundo de todos (que estoy seguro cada uno de nosotros lo venimos sintiendo) ha hecho un daño estructural más sutil. Es cierto, no está socavando la modernidad, ni el poder en su ilusión de seguridad. Está despertando el hambre por la plenitud, por la generosidad, por vivir la vida sabiendo que en lo que uno hace uno se entrega por entero… ¿Donde está esa oportunidad de vivir así? No está en el establishment. No está en convencer a los “valemadristas” que tienen que hacerse “mejor personas” y adaptarse al sistema, agachar la cabeza, someterse… Está más bien en darse cuenta no hay nada más legítimo que su apatía. Bendita y bienvenida apatía estoy seguro que es terreno fértil, igual que toda expresión de libertad y sinceridad.

martes, 19 de septiembre de 2017

ENTENDER EL DINERO - Historia De Una Aldea

Generalmente, se entiende el dinero como un medio de intercambio. En ambientes alternativos donde se conoce el despertar de la consciencia, es común entender el dinero como una energía de intercambio que tiene que ver con nuestra actitud de gratitud hacia la vida y nuestra mentalidad de abundancia o bien de escasez. En el Post El Hermoso Laberinto dela Abundancia reflexiono profundamente acerca de porqué entender el dinero únicamente como una energía de intercambio es un entendimiento limitado. ¿Por qué un niño podría pasar hambre, por su mentalidad de escasez? Evidentemente esa explicación no alcanza. Tampoco es suficiente culpar a la ambición y corrupción de grandes corporaciones, políticos y empresarios: cuando entiendes el sistema económico te das cuenta que aún si eliminásemos toda ambición y corrupción el problema seguiría. Además, sobra decir cuánta gente hoy en día está totalmente convencida de su intención de adoptar una mentalidad de abundancia y de gratitud a la vida, y sin embargo eso no genera el resultado esperado en cuanto a flujo de dinero. Más bien, a quienes sí acompaña el dinero es a quienes se adaptan bien al sistema económico convencional (como Elsa Abundancia en el Post El Matrimonio Entre La Abundancia y la Suficiencia).
 
En realidad, el dinero, más que una energía de intercambio, es una institución social que (al igual que todas nuestras instituciones) refleja la mentalidad cultural de la separación: una organización neuronal colectiva específica. Si lo que acabo de decir suena muy extraño, no te preocupes, aquí ofrezco una explicación muy simple que ayudará a ir entendiendo esto.

Considérese la siguiente historia (ideal original tomada del libro de Charles Eisenstein Economía Sagrada). Imagina una pequeña aldea donde no hay dinero. Digamos que la gente hace trueque con productos básicos. 20 familias viven en la aldea. Alicia produce frijoles, Pedro produce maíz, Cecilia tiene algunas gallinas, Damián es bio-constructor. Sus procesos productivos son sencillos y con tecnologías básicas. Por supuesto que su agricultura es totalmente orgánica (en su mundo palabras como esa no tienen sentido). Cuando Alicia quiere maíz y Pedro quiere frijoles, las cosas son muy fáciles: Alicia recibe maíz de Pedro, Pedro recibe frijoles de Alicia. Todo el mundo está contento. 


A la semana siguiente, Alicia quiere maíz, pero Pedro no quiere frijoles. Afortunadamente, Pedro quiere huevos y Cecilia quiere frijoles. Así que el intercambio es: Alicia recibe maíz, Pedro recibe huevos y Cecilia frijoles. Todos contentos.

La semana que viene, Pedro ya no quiere frijoles ni huevos, quiere construir su casa. Eso probablemente llevaría mucho maíz, pero Damián no quiere tanto maíz. En realidad él quiere frijoles, pero hoy Alicia no quiere maíz. Y así sucesivamente. El punto es que el trueque sin una moneda puede complicarse.

Así que, un día soleado un banquero llega a la aldea. En realidad es un banquero honesto, alguien que cree que la gente en la aldea puede hacerlo mejor y simplemente quiere ayudarles. No estoy siendo sarcástico aquí, no quiero que el lector se distraiga con el estereotipo de un banquero codicioso. En cualquier caso, en la visión de la economía sagrada la avaricia no es un problema, sino simplemente un síntoma (y por cierto un síntoma que está presente a menudo pero no siempre; hay en mi opinión una exageración o una obsesión en culpar a la avaricia o ambición por el inminente colapso de nuestra civilización).

El Sr. Banco les dice a los aldeanos que pueden mejorar sus vidas si introducen dinero en su economía. “Ustedes pueden intercambiar más eficientemente si tuvieran una moneda. No sólo eso, sino que también pueden hacer crecer su economía: producir más y tener acceso a nuevos bienes y servicios. Déjenme ayudarles. Consíganme un cuero de vaca y lo cortaré en trozos pequeños (tamaño estándar). Entonces le daré a cada familia 10 trocitos de cuero. La única condición es que cuando yo regrese el año que viene, cada familia me devuelva 11 trocitos de cuero". Los aldeanos aceptan la propuesta.

Querido lector, no saque conclusiones demasiado rápido. Permítame guiarle. En primer lugar, un total de 200 trocitos de cuero están ahora circulando en la economía, por lo que no hay manera de que las 20 familias puedan devolver 11 trocitos porque para ello se necesitarían 220 trocitos de cuero. Por lo tanto, esto significaría que al menos 2 familias tendrían que declararse en bancarrota (salvo que el Sr. Banco emita nuevos trocitos a mitad de año). Pero vamos paso a paso. Lo primero que pasa es que el intercambio es efectivamente más fácil ahora (nada malo en absoluto). La segunda cosa que sucede es que, junto con esta nueva tecnología de intercambio, llegó a la aldea otra cosa: una nueva mentalidad de "podemos hacerlo mejor". Muy sano darse cuenta de que uno puede mejorar lo que está haciendo. Por ejemplo, a un costo muy bajo, Cecilia puede obtener algunas sobras del campo de maíz de Alicia y hacer que sus gallinas produzcan más huevos. De la misma manera, Alicia puede obtener el estiércol de las gallinas para usar como abono y mejorar los rendimientos de maíz. Si el maíz de Alicia rinde más, ella será capaz de pagar su deuda y presumiblemente incluso obtener una ganancia para sí misma. Con los trocitos de cuero extra, ella puede aumentar el consumo de su familia, digamos construir una casa más grande, quizás comprar un refrigerador, y/o hacer nuevas inversiones, innovaciones en su campo de maíz.

Ahora, una cosa que es intuitiva de ver es que al principio de la monetización de la aldea, las innovaciones son muy fáciles de implementar. Al principio, las innovaciones tienen un costo muy bajo y una rentabilidad muy alta, en general. Así podemos imaginarnos a toda la aldea mejorando, innovando, teniendo rendimientos más altos, produciendo más y nuevos bienes. Cuando ése es el caso (aumento de la actividad económica), simplemente lo que sucede es que antes del fin de año, algunos aldeanos estarán llamando al Sr. Banco para pedir prestado más trocitos de cuero. Así que físicamente eso es lo que sucede, básicamente más trocitos de cuero son “impresos por el banco central”, y éstos son usados para pagar la totalidad de la deuda al final del primer período. De modo que la economía, en principio, puede crecer de manera muy saludable, aumentando el consumo y el bienestar de todos los aldeanos y pagando el servicio completo de la deuda. De hecho, lo que se necesita para un crecimiento económico sostenido es que la tasa de incremento en la actividad económica sea igual o más alta que la tasa de interés en la moneda (en este ejemplo 10%).

Un crecimiento saludable como este puede ocurrir durante varios años (un par de siglos quizás?). Pero el problema es que el dinero (trocitos de cuero) siempre se emite como deuda. Así que no importa lo que hagas, la actividad económica siempre debe aumentar. Dicho simplemente, no importa el rendimiento que tuviste el año pasado, tienes que mejorarlo este año. Esto se puede pensar desde un punto de vista biológico para el caso del maíz. Cuando se añade la primera dosis de abono natural, la respuesta en cuanto a aumento en la productividad del maíz será elevada. Si sigues añadiendo más y más abono, la respuesta en términos de mayor rendimiento es cada vez menor hasta el punto en que no hace una diferencia. Así que usted innova de nuevo: hace un estudio más detallado de los nutrientes que la planta necesita y cuándo, y comienza a usar fertilizantes químicos que le permiten proporcionar a la planta las dosis precisas que optimizan el rendimiento (estrictamente hablando, que maximizan la utilidad neta). (Y por cierto, el cultivo ya no es orgánico como antes). Hasta el punto de que no puedes mejorar más. Así que vuelves a innovar: traes plaguicidas. El mismo proceso. Vuelves a innovar: obtienes semillas genéticamente modificadas. Y así sucesivamente. 

El crecimiento económico puede sostenerse por aumento en la rentabilidad de lo que ya se está produciendo, o bien por transformar algún aspecto más del regalo de la vida en actividad comercial. Por ejemplo, una montaña que pasa a ser una explotación minera. Por ejemplo, una relación social como el cuidado de niños que inicialmente era una relación de gratuidad o reciprocidad, y pasa a ser una relación comercial.

Más que nada, con este relato quisiera alcanzar un lugar en tu corazón que tal vez resuene con algunas cosas: (1) el crecimiento no puede continuar para siempre; (2) mientras continúa, lo hace a un costo creciente para la naturaleza y para el bienestar, la salud y la belleza de toda la vida; y (3) que ya hemos llegado al punto donde el crecimiento económico es desastroso para el bienestar y la belleza de la vida.

Pero volvamos a la aldea. La economía crece de forma saludable durante varios años, mientras que el Sr. Banco emite más trocitos de cuero. Tan pronto como el crecimiento ya no es tan fácil como al principio, la competencia surge naturalmente. Es decir, la fuerza que te lleva a tratar de hacerlo mejor que otros. Usted puede competir por suministros, por clientes, por los derechos de propiedad sobre nuevas innovaciones, etc. Desde un punto de vista, la competencia puede ser saludable, si se toma como una fuerza positiva que simplemente te hace hacer lo que haces mejor; por ejemplo, si te lleva a innovaciones sanas e inofensivas, incluso sin costo alguno. Pero sabemos que muy pronto esto deja de ser así. La competencia y el crecimiento empiezan a doler. Por favor, nótese que esta es una verdad en mi corazón, quizás también una verdad en su corazón. Pero esto NO ES una verdad científica, ni una verdad intelectual. Muy legítimamente, un ingeniero en Silicon Valley podría habitar en una historia diferente, una historia en la que las innovaciones saludables pueden continuar por siempre, de manera que el crecimiento económico puede ser perpetuo y sostenible. Todo lo que estoy diciendo es que la suya no es mi verdad, y que las verdades alternas habitan en historias diferentes y se vuelven verdaderas sólo en el corazón, no en el razonamiento. En la verdad de mi corazón, el crecimiento sostenible no solo es imposible sino que es la ideología que permite la destrucción de la belleza y la salud de la vida. En las ideologías del crecimiento sostenible, ya sea la del capitalismo o la de la izquierda política, lo único verdaderamente sostenido es la destrucción de la belleza, de lo único y especial de la vida, y la generación uniforme de fealdad.

Así que, al llegar a este punto, no todas las familias son capaces de pagar su deuda. Esto significa bancarrota. Este es el momento en que comienza el juego de las sillas musicales. Cada vez que la música se detiene, alguien entra en bancarrota - se queda sin silla. El banco subasta la propiedad colateral y la persona que compra obviamente es la persona que le fue bien, que tiene el capital de trocitos de cuero para comprar propiedades. Así que, naturalmente, la desigualdad económica comienza a manifestarse. Las propiedades y el dinero comenzarán a acumularse en pocas manos mientras más y más familias dejarán de ser dueñas de sus tierras y medios de vida, y se convertirán en asalariados y arrendatarios. Así que, como ven, la desigualdad económica es endémica al sistema, no es el resultado de políticas de derecha ni de personas ricas codiciosas. Mientras el dinero se emita como deuda, la presión por crecer económicamente produce continuamente desigualdad como resultado.

Y no sólo produce desigualdad, sino que también daña la belleza del regalo de la vida de muchas maneras.

Podría decirse que aquí es donde comienza la visión de la economía sagrada. Por cierto hay mucho más que decir. Y si te sientes lleno de preguntas gritando dentro tuyo, si te enoja lo que planteo, eso es exactamente normal, no esperaría otra cosa. (Muchas de estas preguntas las abordamos en los talleres que facilito, donde se dan las condiciones para profundizar en estos temas con el corazón).

La pregunta principal y más obvia es probablemente: ¿por qué no podemos tener un sistema económico donde el dinero se emita a una tasa de interés cero? La respuesta es que tal sistema económico no es compatible con nuestra profunda y nada evidente cultura de separación. En lugar de resolverlo (“diseño ingenieril del sistema económico correcto”), un sistema económico sano surgirá naturalmente de una cultura del InterSer. Una vez más, esto es sólo el 1% de lo que hay que decir.

Vale la pena mencionar, si uno decretase el cese del crecimiento económico, tendríamos que necesariamente aceptar la bancarrota (que pega más duro a los pobres), aceptar el desempleo generalizado, aceptar que muchas familias queden en la calle, aceptar un alza en la tasa de suicidios (como ocurrió en el caso de Grecia), aceptar que no tienes presupuesto para programas sociales como salud y educación, etc. Lo que quiero decir con esto es que no existe una solución política ni intelectual, por eso que ser realista implica entrar al misterio. “Seamos realistas: hagamos lo imposible”.

En una cultura, en un arreglo neuronal colectivo de Separación, si todo lo que me rodea es otredad, es natural que yo adopte muy fácilmente la creencia (profunda y perpetua) de que es necesario mejorar lo que ya hay. (Me refiero al mejorar que tiene que ver con el control, con el ejercer la fuerza de la razón reduccionista). Es necesario aumentar la producción, es necesario almacenar para el próximo año, es necesario mejorar nuestras tecnologías hasta independizarnos de las fuerzas hostiles o a lo sumo indiferentes de la naturaleza. Nótese que en parte esta creencia está presente en la narrativa del desarrollo sustentable, no sólo en la narrativa del capitalismo depredador (es decir, no es un tema ético ni de buenas intenciones). La alternativa por cierto es una economía que nace de la confianza en la vida. En una cultura de desconfianza en la vida, ¿quién prestaría dinero sin interés, sabiendo que la persona que lo use lo puede hacer crecer sin que tu saques provecho? ¿Qué banco prestaría dinero a una tasa de interés cero, toda vez que existe el riesgo de no pago?

La alternativa de creer en la perpetua mejora controlada de lo que ya hay, es redescubrir los múltiples, escurridizos, incontrolables misterios de felicidad de la vida que yacen ocultos, latentes.



Una nota personal

En un sistema que produce endémicamente desigualdades y destruye la naturaleza, no por falta de buenas intenciones sino por el hecho mismo de la necesidad del crecimiento económico, es muy difícil sentirse cómodo con el dinero. Si lo quieres y no lo quieres al mismo tiempo, ¿cómo puede ayudarte el universo?

Si vivo y dejo morir mis emociones sé que estoy libre de culpa y vergüenza. Me puedo hacer amigo del sistema, aceptarlo, planificar y controlar mi presupuesto mensual, cobrar por mis servicios, hacer marketing para convencer clientes, convertir ideas en oportunidades de extraer dinero…

Pero aún siendo libre de toda vergüenza y culpa por el dinero, yo no quiero reproducir la escasez y desconfianza. No me siento bien haciendo eso, así de simple. ¿Cómo puedo hacer marketing de mis servicios si no es por la generosidad de servir genuinamente? No se trata de alcanzar un nivel superior de virtud, de perfeccionarme para llegar a ser mejor persona, ¡es cuestión de sentirme bien! Quiero vivir la generosidad. ¿Aún me estoy equivocando? Sólo hazme saber misterio de la vida, estoy escuchando.

Quiero compartir que tengo la necesidad de ver con claridad la visión de un sistema monetario confiado a la generosidad de la vida, donde naturalmente todo el mundo es libre. No estoy entero al despertar en la mañana sin esta visión completa en mi corazón. Lo que apenas puedo vislumbrar es la libertad de ser generoso, de confiar en la vida, de saber que nadie lo está haciendo mal porque no encaja o no se adapta al sistema actual. Después de escribir esto me siento un paso más cerca de vivir de tal manera aunque sea con la institución monetaria que tenemos ahora. Por mucho que sea una paradoja más, bienvenida sea. Preguntándome una y otra vez si eso es todo... Quiero vivir la generosidad, y quiero abrir los ojos y darme cuenta de que siempre hubo muchísima gente viviéndola, y nunca estuve solo.